lunes, 21 de junio de 2010

CANDELA

Hoy comienza el verano y el solsticio viene lúdico. ¿De quién puede ser este texto?:

"Sé en mi vida que he amado y sé también que me han amado, pero ello ha ocurrido en líneas melódicas dispersas, a destiempo, como en una composición llena de disonancias y extravíos. Todo nos conduce a la solitariedad. Me causa tristeza esta conciencia. En realidad, llevo ya años con esta melancolía, este correr del tiempo que va dejando atrás personas, paisajes, vivencias, como en una fotografía movida, desenfocada. Lucho contra ello escribiendo, viajando, sonriendo con los dientes apretados. A veces me pesa el cuerpo, me gustaría desintegrarme poco a poco, como gas, sin dejar rastro, sin dejar dolor en nadie, como un puñado de palabras sin decir.
Qué difícil es querer, qué difícil es que alguien nos quiera; qué difícil es que nada importe y que todo sea amor, como un mundo; qué difícil es que todo en el otro nos parezca venerable, apacible, santuario; qué difícil portar siempre una candela entre las manos."

24 comentarios:

Luis Lópec dijo...

Mucha sensibilidad en el nuevo solsticio veraniego. El "rondeño" Rilke ¿tal vez?. Besos de cereza fresca.

Elvira dijo...

Ni idea, querida Ana, pero está muy bien escrito. Y esa imagen de sonreir con los dientes apretados, esa sonrisa a pesar de todo, es muy buena.

Portar una candela entre las manos, para evitar que esa luz se nos apague. En eso estamos.

Besos, guapa!

Anónimo dijo...

Qué difícil, sobre todo cuando vamos a diferente ritmo, bailamos distinto baile y jugamos distinto juego.

No sé de quien es, pero me ha encantado.

Saludos.

Sir John More dijo...

Joé, qué cosa más linda. Ardo en deseos de saber quién fue... Aunque por decir alguien, y por nombrar el autor del último libro que me he leído... ¿Sebald? No sé, no sé... De Saramago no puede ser, no...

candido dijo...

Incapaz de saber la autoria del texto, pero leo con deleite cada palabra. Ponen la sensibilidad a flor de piel porque son un reflejo de las pulsaciones sentimentales de cualquier ser humano de hoy.
Muchas gracias por esta bocanada de literatura y sentimientos... Es cierto; llega el verano y parece que nos movemos ya en otra onda. Un abrazo, admirada Ana

Fandestéphane dijo...

He de confesarte Ana, que llevo bastantes horas intentando averiguar el origen de esta candela.

Al tener todo el aspecto de que pueda ser una carta, he pensado en Las cartas de un joven poeta de Rilke y en las cartas que le envió a la princesa Marie von Thurn desde Toledo, y también, claro está, en todas las que envió desde España y más concretamente desde Ronda.
Pero el libro que tengo sobre Rilke, a pesar de ser rico en artículos y análisis, está bastante condensado, y no he podido encontrar este texto de la candela que me lleva por el camino de la amargura.

También he pensado en Umbral y en su extraordinario Mortal y Rosa, pero en ese caso puedo asegurar que no creo que lo sea sin necesidad de releerlo.

Me ha encantado esta entrada, me hace pensar mucho, y ya sabes que yo precisamente, pienso más bien poco...

Un beso Ana, con la intriga de saber el autor del enigma

Anónimo dijo...

El texto, mi niña, solo puede ser tuyo. Yo lo sé bien, pues soy uno de esos seres desenfocados que quedaron atrás, aunque en ti.
H.

ana de la robla dijo...

Os leo, sigo anotando vuestros apuntes.
Es cierto que es un fragmento de una carta, como bien apunta Fan.
Habrá tiempo para descorrer el velo.
H.: Sabes bien que soy adicta a los recuerdos, incluso a aquellos de los que ya apenas conservo la memoria. Y es verdad que es muy difícil que alguien que pase por mi vida deje de estar en ella, en mí. Beso.

Anónimo dijo...

Me he identificado con el escrito. Precioso. Me dio cierta nostalgia al recordar cómo he amado y cómo me han amado no por siempre como me lo repetían una y otra vez. A veces, puede más el no dejar pasar las oportunidades de conocer otras personas que los supuestos cimientos que da el amor verdadero.
Me decía "eres el amor de mi vida".

ana de la robla dijo...

Nunca lo creas cuando te dicen eso...
Sólo somos transeúntes en el inmenso vestíbulo de la existencia. Todos.
Sólo hay instantes, atisbos de la luz. Lo demás son sombras en el interior de la caverna.

Anónimo dijo...

Gracias. Me he quedado pensando lo interesante que sería conocer la respuesta del destinatario de su carta. ¿La publicaría?

ana de la robla dijo...

No. Soy dueña de mis textos, no de los ajenos.
Saludos.

Antonio Torralba dijo...

Muy bonito.
Besos

ana de la robla dijo...

Beso de norte a sur, querido Antonio.

Francisco Sianes dijo...

"qué difícil es que nada importe y que todo sea amor, como un mundo; qué difícil es que todo en el otro nos parezca venerable, apacible, santuario..."

Ana Anita Ana de mis entretelas y de mi corasón... amos a ve, amos a ve... es que me pides unas cositas (entiéndase ese "me" de la forma más impersonal posible)...

Son precisamente las imperfecciones, las faltas, las vulnerabilidades y los inacabamientos del otro (y no digamos de uno -entiéndase ese "uno" de la manera más personal posible) los que hacen del amor algo dinámico, vivo: un quehacer constante.

Amar sin privaciones, sin drama, está (felizmente) fuera del alcance de los mortales. Lo contrario sería aquello de Salinas:

"¡Qué cuerpos leves, sutiles,
hay, sin color,
tan vagos como las sombras,
que no se pueden besar
si no es poniendo los labios
en el aire, contra algo
que pasa y que se parece!

¡Y qué sombras tan morenas
hay, tan duras
que su oscuro mármol frío
jamás se nos rendirá
de pasión entre los brazos!

¡Y qué trajín, ir, venir,
con el amor en volandas,
de los cuerpos a las sombras,
de lo imposible a los labios,
sin parar, sin saber nunca
si es alma de carne o sombra
de cuerpo lo que besamos,
si es algo! ¡Temblando
de dar cariño a la nada!"

Amar no es adorar a alguien apacible (¡terror!), santuario (¡horror!) y venerable (¡¡pavor!!) -a menos que uno hable del candoroso amor a su abuelo-, sino zascandilear detrás de "esa corporeidad mortal y rosa / donde el amor inventa su infinito".

Si alguien es incapaz de amar y ser amado es alguien perfecto (de ahí que nos hayamos cargado a Dios para cambiarlo por jugosos futbolistas e inefables jugadoras de boleibol... Mmmmmm... ¡jugadoras de boleibol!)

***

Lo que no me asombran son tus disonancias amorosas. Hacer justicia a tu melodía debe de ser privilegio de virtuosos.

***

Ojito a cómo te silbo:

http://www.youtube.com/watch?v=5bNE-5TVAmg

Y esto, un detallito:

http://4.bp.blogspot.com/_PVy6_J7_Qdw/Sh_T_gWsXPI/AAAAAAAAJJg/-FToo1tJgNw/s400/follmi_fe2.jpg

:-)

ana de la robla dijo...

Fran: Amar no es adorar (yo no he dicho eso, es algo que tú pones de tu cosecha). Pero puede ser apetecible en ocasiones que el otro sea un santuario. No por adorarlo, sino porque después de mil y una guerras -muchas de ellas perdidas- hay ocasiones en que se busca el silencio y la paz en el otro. Ya sé que es pedir peras al olmo, pero...
Tampoco el amor inventa su infinito. Sí que es una rosa condenada a la mortalidad. Infinito sólo es el desencuentro; lo cubrimos con pétalos, con sábanas de seda hasta que... la ficción se declara. Se le va a hacer...
Gracias por tus silbidos y regalos.
Beso consonante.

elhombretranquilo dijo...

Hola, Ana:

Muy hermosa esta misteriosa confesión epistolar... La verdad es que resulta complicado lanzarse a la aventura de adivinar al autor... Su profundidad poética, la honesta desnudez, el precioso tono lírico y su delicada y desarmante sinceridad me conducen hacia una ligera intuición respecto a quien puede ocultarse tras estas bellas palabras, pero para evitar el ridículo del error voy a esperar hasta estar seguro de su misteriosa identidad.
Lo que está claro es que, viendo el delicioso y profundo tono poético de esta carta, resulta muy difícil confiar en que la respuesta se encuentre a la altura.

Un beso lírico.

ana de la robla dijo...

Mi dulce hombretranquilo: No te dejes cegar. Quizá ese lirismo del que hablas tan sólo sea el encanto de las palabras que se pronuncian con los ojos vendados, perdidas en un jardín de senderos bifurcados, deslumbradas por las sombras que crepitan junto a la hoguera terrible que concibió el filósofo. El poeta es ciego, y a la vez es más ciego y más poeta en sus epístolas, que constituyen su más íntimo aposento. Tal vez...
Oh, tal vez. Todo es tal vez.
Beso a oscuras.

Anónimo dijo...

Las respuestas nunca están a la altura, verdad Ana?

ana de la robla dijo...

Eso es mucho decir, estimado Anónimo ;) creo más bien que nunca se mueven en el mismo nivel, porque sus condicionantes son distintos. Es difícil cohonestar dos lenguajes diferentes...
Saludos.

Javier Pérez dijo...

El dueño de una carta es quien la recibe, no quien la escribe.

Por eso una carta es un regalo.

Venga esa respuesta

:-)

ana de la robla dijo...

Eso es discutible, queridísimo mío... Desde esa concepción hay muchos epistolarios publicados que nunca debieron ver la luz...
La respuesta ya salió, pero se autodestruyó en 48 horas :))
Besosssss.

Anónimo dijo...

"Amor Onnia"

ana de la robla dijo...

Gertrud dixit ;) Saludos.